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Archivos Mensuales: julio 2012

En otro post anterior comentaba una tendencia que estaba empezando a revelarse. Hoy El País la confirma: el PP se desploma en un mes.

La degradación y descomposición de la clase política en este país se está llevando por delante -como no podía ser de otra manera- el bipartidismo. Mientras el PSOE sigue desaparecido -no en combate porque no está combatiendo, simplemente desaparecido-, el PP está pagando caro la imposición de las medidas y su comunicación.

Hace unos días Rajoy decía que no tenemos libertad, a la vez que sus ministros sostienen que no estamos intervenidos. El orgullo de no reconocer que de facto estamos intervenidos y de ser la única cara que los ciudadanos pueden poner tras la tijera se traduce en un impacto electoral muy grande. Por otra parte, si reconocieran que nos han intervenido -con la formidable excusa de la herencia socialista-, estarían poniendo un escudo entre su gobierno y la opinión pública: se puede disparar al de más arriba. Pero la cabezonería de este ejecutivo se lo está llevando a la tumba.

El caso es que las alarmas en el PPSOE se han encendido: el régimen está en crisis. Así, como ya se deja caer en tertulias y por distintos políticos en entrevistas y columnas de opinión, el horizonte de un gobierno “de unidad” entre estos dos partidos cada vez es más cercano. Y si se diera o se da, me parecería un error grandísimo por su parte, tanto desde su punto de vista como desde el nuestro:

Lo primero, es que, tal y como se está o estaría planteando, no sería un gobierno de unidad, sino que dos partidos se arrogarían un sentido de unidad no refrendado por las calles, ni reflejado en ellas. Así, un llamado gobierno de unidad que estuviera compuesto por los dos partidos más desgastados y denostados por este proceso, no duraría mucho más que cualquier otro, y ayudaría como ningún otro factor a contribuir al descreimiento en la clase política y a la destrucción de la imagen de ambos partidos.

Lo segundo, que si se quiere formar gobierno, se pasa por las urnas. Si ahora se decidiera en el Parlamento y en los despachos modificar la composición de este gobierno para introducir a elementos -tristemente, nunca mejor dicho- del partido socialista, sería una traición de dimensiones épicas al conjunto de votantes de ambos partidos y a la soberanía popular.

En tercer lugar, que ahora mismo tendría poco o ningún sentido para cualquiera de los otros dos grupos que más suben -IU y UPYD- participar en esa pantomima de gobierno. Ambos deben estar -y están mejor- a cierta distancia del poder, criticándolo y desnudando la falsa pluralidad y el sometimiento a los mercados. Así, la posibilidad de que el gobierno fuera de unidad real es prácticamente utópica, de tal manera que la única solución posible sería convocar elecciones nuevamente.

Otro punto importante del sondeo es la posición de estos dos partidos: UPYD e IU. Por una parte, IU parece haber tocado techo: no es capaz de traducir en votos la debacle socialista. No sé si será por Cayo Lara y la poca confianza que transmite o por el caos que hay dentro de la formación entre PCEros y demás, pero no tira para arriba. Por otra parte, me da bastante miedo la subida de UPYD: he visto como funcionan por dentro y dan miedo, la gente que conocí era, en el mejor de los casos, un conjunto de arribistas venidos de cualquier parte del espectro político que se habían acercado al partido para pillar cargos. Sus críticas al sistema -siendo ellos, en muchos casos, la quintaesencia de ese sistema que critican- son  total y absolutamente demagógicas.

Así, me parece de una importancia vital que en IU -como partido estatal más a la izquierda en las Cortes y con mayor posibilidad de crecimiento, no por otra cosa- cambie algo y que tanto ellos como el movimiento ciudadano cristalizado en torno al 15M y otros partidos y organizaciones de izquierda pierdan los miedos y algunos prejuicios y que se intente construir una plataforma amplia de izquierdas, que pueda traducir el descontento de la calle en poder en el Parlamento.

Se nos llena la boca con Syriza, pero parece que nos da miedo construirla.

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El pasado 19J estuve, con otros cientos de miles de personas, por las calles de Madrid. Y lo flipé, muchísimo y en muchos sentidos. No había estado nunca frente a una manifestación con tantas particularidades como esta. Las características de esta movilización me parecen significativas de que algo ha cambiado, de que algo está cambiando, y de que ahora en adelante, las cosas se van a mover, y mucho.

En otro post hablaré un poco de las condiciones políticas y sociales que me parecen destacables a la hora de entender este salto cualitativo y cuantitativo. Me quedo, ahora, con una tendencia bastante peligrosa que observé en la manifestación.

Me llamó la atención la cantidad de policías que había en la manifestación. Exagero, pero quizá no demasiado, si digo que entre un cuarto y un tercio de la manifestación estaba formada por hombres y mujeres de los distintos cuerpos policiales, militares o paramilitares de este país. Las cosas no cambian si salimos los de siempre, y el hecho de que estos colectivos, tan atados como están al régimen, se muevan es un paso muy importante. Nos guste o no, hace falta que todos nos movilicemos para cambiar algo, aunque nosotros prefiramos salir con nuestros amigos y compañeros, solos no conseguimos nada: Pueblo somos todos.

Ahora, que también detecté una tendencia muy peligrosa dentro de estos manifestantes que se identificaban, con pancartas o camisetas, como pertenecientes a la policía y demás: el gran número de fascistas que había. Y no utilizo el término “facha” de toda la vida, sino que lo que ahí había eran grupos uniformados de negro, con consignas y cánticos apolíticos, y en muchos casos con unas pintas más propias del fondo sur de algunos estadios madrileños que de un agente “del orden”.

Como digo, Pueblo somos todos, y es necesario que todo el mundo salga a la calle y reclame lo que es justo, reclame que no nos roben más de lo que nos están robando ya y que lo que nos han quitado, lo devuelvan. Pero hay que tener cuidado con según qué grupos quieran o puedan capitalizar este movimiento: dentro de este -para mí sano- clima contrario a los políticos, hay que dejar meridianamente claro que se protesta y se ataca a una clase política -ladrona, despilfarradora, desconectada del mundo y de los problemas reales, que respira al son de los mercados- y a una política -neoliberal-, no a la política.

Lo uno con la presencia masiva de policías porque, como digo, era el discurso que llevaban muchos de estos grupos o grupúsculos -sin querer hacerlo extensivo al resto de policías que podían estar manifestándose tranquilamente por ahí-. Pero lo que más me preocupa, es que es un discurso que está empezando a calar en la gente, en las personas que no pueden salir de la identificación de esta política con la política. Y me parece que es un camino muy peligroso, porque genera el caldo de cultivo idóneo para que cualquier personajillo que se vista de regenerador se arrogue el deber de “liderar” estas protestas y las capitalice bajo la forma de algunas siglas.

Estoy pensando, sin ir más lejos, en UPYD, cuyo discurso contra los políticos y las autonomías que lleva -del resto del programa, ni se sabe ni se pregunta- apunta en ese sentido. En comparecencias, debates, ruedas de prensa… podemos ver a representantes, diputados del partido atacando a los políticos y a la política, como si ellos no fueran políticos ni estuvieran en política. Una señora que cobra diez mil sueldos por diez mil cargos pasados -muchos de ellos, no lo olvidemos, en instituciones que ahora ataca como despilfarradoras e inútiles, como gobiernos autonómicos o el Parlamento Europeo- se viste ahora con la ropa de Joaquín Costa, de regeneradora de la política, cuando precisamente ella supone la máxima expresión de esa casta política que vive de dios sabe qué.

Y es que no hay peor fanático que el converso. Y en momentos de crisis, convulsos como este, hay que tener mucho cuidado con quién dice qué.

En el subtítulo del blog pone “actualidad, música, gilipolleces…” y tanto actualidad como gilipolleces -esta es una constante- han sido ya cubiertas, así que le toca a la música.

Con el tiempo, he ido cambiando de gustos, no demasiado, pero algo. Si bien sigo amando lo barroco de Queen o el jolgorio de unos vientos balcánicos, la música que más me gusta es la cruda, la sencilla.

Sencilla, que no simple. En el fondo, puede ser tan compleja o más que otras, con sutiles cambios de acorde entre séptimas, sextas, mayores o menores, pero todo presentado sin aditivos, sin una producción espectacular, sin cuatrocientas pistas de guitarras ni armonías de teclado que luego en concierto no existen o están grabadas.

Y uno de los máximos exponentes de esta música clara, directa, salvaje, a-la-cara, pero que a la vez puede ser romántica o tierna, es Dexter Romweber -ya sea con los Flat Duo Jets o con su hermana en el Dex Romweber Duo-. En ambos casos, la formación es muy simple, él canta y toca la guitarra (o el piano) y el acompañante, la batería. ¿Por qué añadir instrumentos y chorradas cuando así suena genial, cuando tienes más fuerza con tres instrumentos que grupos de 5 o 6 componentes?

Pero bueno, lo mejor es escucharlos. Disfrutadlos. En imperativo.

Una bruta versión de Baby Blue de Gene Vincent de los tiempos de los Flat Duo Jets

Y otra versión, del Brazil de Sinatra -y otros-, con su hermana en el Duo

Cuesta mucho recordar por qué uno quiere ser periodista últimamente. Las portadas de La Razón y del ABC de hoy ayudan poco, como -seguramente, no he tirado de hemeroteca, pero así de triste es que resulta fácil imaginárselo- poco ayudarían las portadas de El País o de Público cuando Zapatero empezó a cocinar esto que tenemos ahora encima de la mesa.

Y si bien hace un par de entradas ya comentaba algunos motivos por los que la profesión está como está, ahora vienen -algunos de- los que faltan.

Parto de la base de que no creo en la objetividad, porque es imposible: desde el momento que somos como somos, hemos nacido en un sitio y no en otro y nos han -y nos hemos- educado de una manera o de otra, no podemos ver las cosas de la misma manera, no al 100%.

Pero en lo que sí creo es en la empatía. Entonces, me cuesta mucho imaginar por qué unos medios de comunicación, que se supone que están para proteger al débil de los abusos del fuerte a través de la información, pilar del control básico de cualquier estado democrático, se comportan como se comportan. Luego, en entrevistas personales, todos hablan de Kapuściński, de Woodward y Bernstein y del Santo Padre, pero la práctica que realizan en el día a día es simple y llanamente asquerosa.

Ponen por encima los intereses económicos y políticos antes que los de sus propios lectores. Señor Marhuenda, la media de edad de los lectores de su periódico es de unos 239 años, año arriba año abajo: ¿cómo cojones puede mostrarse a favor del copago de las medicinas? Esos señores tienen nietos, ¿cómo cojones puede mostrarse a favor de la reforma laboral, a favor del desmantelamiento del sistema de becas?

Entiendo que ante una cumbre europea, a la hora de demonizar a malvadísimos presidentes -también confundidos con dictadores- extranjeros, a la hora de defender una postura económica frente a otra… Entiendo que en muchos aspectos se defiendan líneas ideológicas y políticas propias, pero cuando el ataque es a todos, es a lo común, no llego a entenderlo, soy incapaz. Entonces no entiendo cómo lo que hace unos meses era el mayor recorte al estado social de la mano de Zapatero, ahora nos hablan de “Sacrificio” y resignación, cuando ambas cosas -aunque el impacto de la tijera en uno fuera X y en el otro vaya a ser Y- son exactamente lo mismo.

Por no hablar del ABC, de la policía y de los antisistema. Perdone, señor, el sistema está contra mí: me quita la casa, la pensión, el trabajo, la prestación por desempleo y se lo da todo a los señores que me han quitado estas y más cosas activa o pasivamente. Ponen a un policía en el suelo, pero no ponen a la anciana con la espalda abierta o a la chica cubierta de sangre. Señores, lo que ayer hizo la policía lo hacen en Venezuela y estamos hablando de un escándalo más del brutal y sanguinario Chávez. Quiero ver cómo tratan mañana los enfrentamientos de hoy entre policías y policías delante del Congreso, a ver a quién llaman “violento antisistema” o “radical”.

O la marcha minera, que reunió a decenas de miles de personas por la noche en Madrid y apenas tuvo impacto, ninguna televisión lo cubrió en directo y los medios lo ningunearon. O las incursiones que está practicando la Guardia Civil noche sí noche también en distintos pueblos de la cuenca minera asturiana, disparando a las casas y -según cuentan testigos- poniendo inhibidores de frecuencia para evitar que la información salga del pueblo.

En definitiva, mucho asco y vergüenza. Vergüenza de cómo mienten y manipulan la verdad, los hechos; de cómo interpretan todo según convenga, según quien les mee le da asco o abren la boca -pero ojo, que nos mean igual-; de cómo están creando varios mundos al margen del real; de cómo, por mucho que tengan Twitter y una web 2.0, siguen desoyendo al lector y al ciudadano como en el siglo XIX; de cómo…

No entiendo que frente a cuestiones de la máxima sensibilidad y humanidad se responda con cálculos políticos y con imágenes perversas. Ahora mismo tendrían que estar todos abogando por otra salida a la crisis, para que no la paguemos los de siempre, los de abajo, utilizando su poder para condicionar a la clase política y forzarla a actuar de otra manera. La presión que pueden ejercer es tal que, con un uso responsable de la información y un ejercicio honesto del periodismo, se podrían evitar muchas de los enfrentamientos que estamos viendo. Si todos los medios hubieran denunciado la situación de los mineros desde el día 1, no habría tenido por qué haber enfrentamientos, ya que Soria habría tenido que hablar antes -por  poner un ejemplo-.

Tiene que ser duro eso de ir a trabajar con una pinza en la nariz.

 

Lo puedo decir más claro imposible, ¿no?

Más claro no podrías decirlo, pero sí mejor.

Vamos a dejar de lado la gilipollez de subir el IVA porque se paga poco. Porque si pensamos que se paga poco es porque o no se quiere o no se puede, y sinceramente, no veo cómo aumentándolo vas a conseguir corregir eso. Lo único que vas a conseguir es sangrar más a la gente y que caiga el consumo, porque el precio de ciertos productos o servicios se verá tan inflado que algunas personas tendrán que renunciar a ellos… Si hay fraude, combátelo (una pista, comienza por las SICAVs).

Pero bueno, como he dicho, vamos a dejar de lado eso. Vamos a las formas y no al fondo. En sus comparecencias recientes, tanto De Guindos como Montoro han adoptado un tono más propio de bar, de listillo que te enseña, y además con dejes de chuloputas. Parece que lo siguiente que van a hacer va a ser beberse la copa de un trago, escupir al suelo, colocarse el paquete, darle una palmada en el culo a tu novia y largarse, sin mirarte, riéndose entre dientes mientras se tiran la chupa de cuero sobre el hombro y empiezan a silbar a la chica que se acaba de cruzar por delante del bar. Un tono que, desde luego, parece poco propio de un ministro, y mucho menos de uno cuyo país está en la miseria más absoluta, tanto política como social y económica.

Pero el problema es que es el denominador común de este Gobierno, no es sólo cosa de Montoro. Tenemos a Wert -que cree que es un mago de la comunicación porque estuvo en tres tertulias- con los rectores y los estudiantes, Soria con los mineros, Báñez con… bueno, con todo, como Ana Mato, por no hablar de otros cargos menores como la Delegada del Gobierno en Madrid, nuestra querídisima Cifuentes -a la que quizá no reconozcáis, porque suele ir de incógnito, para camuflarse con el rojerío más guerracivilista y masón-.

El problema es que parece que no están haciendo un favor metiéndonos el palo -me ahorro por dónde- que nos están metiendo, que tenemos que darles las gracias porque suban el IVA, porque los enfermos crónicos tengan que pagar sus medicinas, porque cancelen pactos y cierren sectores, porque estén destrozando lo público. Y lo que parecen no entender es que, con la que está cayendo, una mala comunicación puede ser la gota que colma el vaso.

Un ejemplo: yo llego a casa y me encuentro a mi novia con otro y encima me explica cómo follármela. La reacción más normal va a ser reventarle a palos. Cambiémoslo: si enciendo la televisión después de pagar por mis antirretrovirales -cosa que nunca había hecho- y me encuentro con una ministra diciéndome que es culpa mía, que he vivido por encima de mis posibilidades, que mi sida es demasiado caro, pues la reacción más normal es (querer) molerla a palos.

Y es que, la sensación de “además de puta, pongo la cama” que nos invade a muchos cuando encendemos la televisión, la radio, el ordenador o cuando simplemente miramos a la calle, es difícilmente sobrellevable. Y lo que de momento no les ha estallado en las manos -del todo, ahí están los mineros recordándonos cómo se hacen las cosas-, puede hacerlo la próxima vez que abran la boca.

Y a Rajoy no le nombro porque ni aparece, pobrecito, que ha estado todo el año muy ocupado con “sus líos europeos” y con las peshquishash para recuperar el Códice Calixtino, que entregó en mano. Justo lo que se espera de un Presidente en estos momentos.