Vergüenza de querer ser periodista hoy en día

Cuesta mucho recordar por qué uno quiere ser periodista últimamente. Las portadas de La Razón y del ABC de hoy ayudan poco, como -seguramente, no he tirado de hemeroteca, pero así de triste es que resulta fácil imaginárselo- poco ayudarían las portadas de El País o de Público cuando Zapatero empezó a cocinar esto que tenemos ahora encima de la mesa.

Y si bien hace un par de entradas ya comentaba algunos motivos por los que la profesión está como está, ahora vienen -algunos de- los que faltan.

Parto de la base de que no creo en la objetividad, porque es imposible: desde el momento que somos como somos, hemos nacido en un sitio y no en otro y nos han -y nos hemos- educado de una manera o de otra, no podemos ver las cosas de la misma manera, no al 100%.

Pero en lo que sí creo es en la empatía. Entonces, me cuesta mucho imaginar por qué unos medios de comunicación, que se supone que están para proteger al débil de los abusos del fuerte a través de la información, pilar del control básico de cualquier estado democrático, se comportan como se comportan. Luego, en entrevistas personales, todos hablan de Kapuściński, de Woodward y Bernstein y del Santo Padre, pero la práctica que realizan en el día a día es simple y llanamente asquerosa.

Ponen por encima los intereses económicos y políticos antes que los de sus propios lectores. Señor Marhuenda, la media de edad de los lectores de su periódico es de unos 239 años, año arriba año abajo: ¿cómo cojones puede mostrarse a favor del copago de las medicinas? Esos señores tienen nietos, ¿cómo cojones puede mostrarse a favor de la reforma laboral, a favor del desmantelamiento del sistema de becas?

Entiendo que ante una cumbre europea, a la hora de demonizar a malvadísimos presidentes -también confundidos con dictadores- extranjeros, a la hora de defender una postura económica frente a otra… Entiendo que en muchos aspectos se defiendan líneas ideológicas y políticas propias, pero cuando el ataque es a todos, es a lo común, no llego a entenderlo, soy incapaz. Entonces no entiendo cómo lo que hace unos meses era el mayor recorte al estado social de la mano de Zapatero, ahora nos hablan de “Sacrificio” y resignación, cuando ambas cosas -aunque el impacto de la tijera en uno fuera X y en el otro vaya a ser Y- son exactamente lo mismo.

Por no hablar del ABC, de la policía y de los antisistema. Perdone, señor, el sistema está contra mí: me quita la casa, la pensión, el trabajo, la prestación por desempleo y se lo da todo a los señores que me han quitado estas y más cosas activa o pasivamente. Ponen a un policía en el suelo, pero no ponen a la anciana con la espalda abierta o a la chica cubierta de sangre. Señores, lo que ayer hizo la policía lo hacen en Venezuela y estamos hablando de un escándalo más del brutal y sanguinario Chávez. Quiero ver cómo tratan mañana los enfrentamientos de hoy entre policías y policías delante del Congreso, a ver a quién llaman “violento antisistema” o “radical”.

O la marcha minera, que reunió a decenas de miles de personas por la noche en Madrid y apenas tuvo impacto, ninguna televisión lo cubrió en directo y los medios lo ningunearon. O las incursiones que está practicando la Guardia Civil noche sí noche también en distintos pueblos de la cuenca minera asturiana, disparando a las casas y -según cuentan testigos- poniendo inhibidores de frecuencia para evitar que la información salga del pueblo.

En definitiva, mucho asco y vergüenza. Vergüenza de cómo mienten y manipulan la verdad, los hechos; de cómo interpretan todo según convenga, según quien les mee le da asco o abren la boca -pero ojo, que nos mean igual-; de cómo están creando varios mundos al margen del real; de cómo, por mucho que tengan Twitter y una web 2.0, siguen desoyendo al lector y al ciudadano como en el siglo XIX; de cómo…

No entiendo que frente a cuestiones de la máxima sensibilidad y humanidad se responda con cálculos políticos y con imágenes perversas. Ahora mismo tendrían que estar todos abogando por otra salida a la crisis, para que no la paguemos los de siempre, los de abajo, utilizando su poder para condicionar a la clase política y forzarla a actuar de otra manera. La presión que pueden ejercer es tal que, con un uso responsable de la información y un ejercicio honesto del periodismo, se podrían evitar muchas de los enfrentamientos que estamos viendo. Si todos los medios hubieran denunciado la situación de los mineros desde el día 1, no habría tenido por qué haber enfrentamientos, ya que Soria habría tenido que hablar antes -por  poner un ejemplo-.

Tiene que ser duro eso de ir a trabajar con una pinza en la nariz.

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