The Newsroom vs La Redacción

Desde que vi el primer capítulo me venía rondando la idea de escribir algo acerca de esta serie, pero mi inconstancia a la hora de llevar cualquier cosa online y personal -a no ser que se trate de poner música y/o gilipolleces-, amén de otros asuntos, me ha retrasado a la hora de escribir esto. Pero un comentario de Álex en el caralibro me ha dado ganas de darle otra vuelta.

La serie atufa a idealismo “democrático” rancio: un republicano convencido que se encuentra con su conciencia, que toma la forma de su productora y, oh, ex-novia. Eso les lleva a hacer un dúo de megaperiodistas junto con un equipo de superperiodistas y profesionales y un jefe mayor pero juvenil y pendenciero que les defiende en su cruzada por ser independientes, azotar al Tea Party y a   “los malos” en general.

Pero bueno, gracias a las clases de guión que nos hemos chupado gracias a nuestra doble vertiente de periodistas y comunicadores audiovisuales -y al sentido común- se entiende que todo eso es para generar conflictos personales, empresariales, emocionales, para crear tensión sexual no resuelta, etc., etc., etc.

De esta manera, lo que más me llama la atención, sin lugar a dudas, es la redacción, the newsroom, y cómo se diferencia del panorama que hay en este país.

La primera, en la frente: una joven periodista que en el primer capítulo es la nueva ayudante personal de Will McAvoy, el presentador estrella, pasa en cuestión de segundos a ayudante de producción. Así, por las buenas, por demostrar “carácter”. La última vez que demostré algo parecido a carácter y personalidad no me cogieron en una beca muy importante.

Y esa es otra: allí todo el mundo es contratado, tiene más de 30 años, se ve que mueve razonable pasta y está contento en su trabajo, cree en lo que hace. La realidad en las redacciones españolas pasa por un ejército de becarios poco o nada remunerados que hacen o bien gilipolleces absurdas o bien el trabajo que tendrían que hacer los periodistas titulares, los que deberían enseñarnos; pasa por otro ejército de periodistas que llevan ni se sabe cuántos años en la redacción y que están tan preocupados por el ERE que tienen encima o que está a la vuelta de la esquina que apenas hacen nada, no vaya a ser que llamen la atención. Realmente, como periodista precario -y ni siquiera becario porque ¡horror! acabé la carrera y como no dispongo de convenio con una universidad no me contrata ni dios, no vaya a ser que tenga que darte de alta en la Seguridad Social y tratarte como a una persona-, este panorama duele, escuece, sangra, y mucho.

Pero claro, la realidad también pasa por esos directivos a los que se les caen los EREs de las manos, porque cómo si no se las van a llenar con los chorrocientos millones que cobran. O pasa también por los periodistas estrella que usan al resto de plantilla como recaderos personales y que luego no son capaces ni de secundar una huelga cuando pueden echar a la mitad de su plantilla de botones a la calle.

El resto de asuntos necesarios para construir el drama suponen también una dramática comparación con la realidad que vivimos aquí. ¿Un periodista estrella con conciencia? ¿Un programa en una gran cadena libre? ¿No hago caso del share? Por favor, si nada más poner la radio o encender la televisión aquí escuchas el sonido metálico de la correa del amo que saca a pasear a su vocero.

No estoy de acuerdo con la objetividad que se plantea en el programa, parto de la base de que hoy en día y cada vez más, el periodismo es posicionarse, pero posicionarse seria y rigurosamente, posicionarse en unos principios y no en unas siglas o en unas cifras. Pero esto es algo que tampoco aquí hacemos: posicionarse es pintarse la cara con las pinturas de guerra de uno de los dos partidos -cada vez menos- mayoritarios, no es defender una concepción de la democracia, del estado del bienestar o de lo que sea. Es refrendar o refutar con noticias -¿hechos?- lo que los otros digan.

El problema que tengo es que, aunque sepa que esa redacción es ficticia, no la conozco, y me queda la duda de si podría ser verdad, de si podría existir. Y aunque sé que en todos lados cuecen habas, también me cuentan periodistas que se van de freelance a Libia cómo van los periodistas de otros medios extranjeros, y sueño con poder llegar a una redacción y que alguien me diga “¡Eh, tú molas, te concedo derechos laborales!”.

Lo que me da muchísimo por culo es que eso sólo pase en la tele y, que desde luego, aquí no está ni cerca de pasar y que tengamos que andar haciendo las maletas, para ver si en algún sitio nos tratan como personas y profesionales y no como reemplazos baratos.

Más Newsrooms y menos Redacciones, por favor.

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