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Comunicación

 

Lo puedo decir más claro imposible, ¿no?

Más claro no podrías decirlo, pero sí mejor.

Vamos a dejar de lado la gilipollez de subir el IVA porque se paga poco. Porque si pensamos que se paga poco es porque o no se quiere o no se puede, y sinceramente, no veo cómo aumentándolo vas a conseguir corregir eso. Lo único que vas a conseguir es sangrar más a la gente y que caiga el consumo, porque el precio de ciertos productos o servicios se verá tan inflado que algunas personas tendrán que renunciar a ellos… Si hay fraude, combátelo (una pista, comienza por las SICAVs).

Pero bueno, como he dicho, vamos a dejar de lado eso. Vamos a las formas y no al fondo. En sus comparecencias recientes, tanto De Guindos como Montoro han adoptado un tono más propio de bar, de listillo que te enseña, y además con dejes de chuloputas. Parece que lo siguiente que van a hacer va a ser beberse la copa de un trago, escupir al suelo, colocarse el paquete, darle una palmada en el culo a tu novia y largarse, sin mirarte, riéndose entre dientes mientras se tiran la chupa de cuero sobre el hombro y empiezan a silbar a la chica que se acaba de cruzar por delante del bar. Un tono que, desde luego, parece poco propio de un ministro, y mucho menos de uno cuyo país está en la miseria más absoluta, tanto política como social y económica.

Pero el problema es que es el denominador común de este Gobierno, no es sólo cosa de Montoro. Tenemos a Wert -que cree que es un mago de la comunicación porque estuvo en tres tertulias- con los rectores y los estudiantes, Soria con los mineros, Báñez con… bueno, con todo, como Ana Mato, por no hablar de otros cargos menores como la Delegada del Gobierno en Madrid, nuestra querídisima Cifuentes -a la que quizá no reconozcáis, porque suele ir de incógnito, para camuflarse con el rojerío más guerracivilista y masón-.

El problema es que parece que no están haciendo un favor metiéndonos el palo -me ahorro por dónde- que nos están metiendo, que tenemos que darles las gracias porque suban el IVA, porque los enfermos crónicos tengan que pagar sus medicinas, porque cancelen pactos y cierren sectores, porque estén destrozando lo público. Y lo que parecen no entender es que, con la que está cayendo, una mala comunicación puede ser la gota que colma el vaso.

Un ejemplo: yo llego a casa y me encuentro a mi novia con otro y encima me explica cómo follármela. La reacción más normal va a ser reventarle a palos. Cambiémoslo: si enciendo la televisión después de pagar por mis antirretrovirales -cosa que nunca había hecho- y me encuentro con una ministra diciéndome que es culpa mía, que he vivido por encima de mis posibilidades, que mi sida es demasiado caro, pues la reacción más normal es (querer) molerla a palos.

Y es que, la sensación de “además de puta, pongo la cama” que nos invade a muchos cuando encendemos la televisión, la radio, el ordenador o cuando simplemente miramos a la calle, es difícilmente sobrellevable. Y lo que de momento no les ha estallado en las manos -del todo, ahí están los mineros recordándonos cómo se hacen las cosas-, puede hacerlo la próxima vez que abran la boca.

Y a Rajoy no le nombro porque ni aparece, pobrecito, que ha estado todo el año muy ocupado con “sus líos europeos” y con las peshquishash para recuperar el Códice Calixtino, que entregó en mano. Justo lo que se espera de un Presidente en estos momentos.

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