Es curioso que desde la derecha se exija a la izquierda una moral y coherencia de la que ellos adolecen en cualquier forma, siquiera propia.

Si realizas una expropiación para denunciar el despilfarro de comida y, además, dar de comer a vecinos, estás siendo un cabrón, no sólo por robar, sino porque no has donado tu sueldo, y esa tiene que ser la primera medida de un buen rojo, no tener dinero. De todas maneras, cuando se descubre que sí lo donas, te dicen que por qué lo cobras. Si no lo cobraras, te acusarían de empobrecer el salario de tus compañeros al trabajar gratis. Si no trabajas, te llaman vago. Si haces algo, de ladrón y cabrón no bajas.

Ahora, pídeles soluciones. No las tienen. No tienen ni excusas que tapen su pobreza intelectual y humana.Es fácil juzgar a personas sobre clichés, estereotipos pervertidos como el del comunista-monje cuando la caricatura del señor con puro, chistera y dientes afilados es de verdad tu modelo a seguir.Pregúntale a un liberal que te cruces si no despedirían a 200 personas si pudiera perder un poco de su dinero si no lo hce. Pregúntale si no considera que es mejor que los migrantes paguen por respirar. Pregúntale si tu hijo tiene derecho a una educación pública. Pregúntale por qué está mal la expropiación, por qué está mal donar tu sueldo, por qué está mal no cobrarlo, por qué está mal actuar y por qué está mal quedarte parado.

Como decía, no tienen ni siquiera excusas que tapen su pobreza moral, que queda perfectamente reflejada en la portada del ABC de hoy.

Pongámonos en el lector medio ideal del ABC: católico y liberal.
Va usted a misa, es creyente: ¿acaso dona su sueldo? ¿Colabora con organizaciones caritativas eclesiásticas? ¿Acoge a necesitados en su casa? ¿Pone la otra mejilla? ¿Sigue todos los preceptos expresados en la Biblia? ¿Se ha divorciado? ¿Practica sexo con condón?
Es usted liberal: ¿solicita deducciones a Hacienda por contratar a jóvenes? ¿Solicita ayuda al Estado cuando no puede afrontar sus deudas? ¿Acepta la libre competencia o establece unidad de precios entre las fábricas más potentes?
Escuchas cualquier tertulia, cualquier conversación, y sólo son los de la derecha quienes exigen a los de la izquierda coherencia y extremismo en lo que ellos suponen son las bases de este pensamiento. Porque no trates de explicarles qué son los medios de producción, porque te responderán que si esas gafas también son suyas, si tan comunista eres. Desde la izquierda, por su parte, ya aprendieron hace muchos años, décadas, casi siglos, que es imposible exigir nada a estos señores y señoras, porque no tienen nada.
Los que siempre hablan de la moral y de la ética pero lo hacen refiriéndose a los demás son los primeros que no están ni cerca de conocer una moral, no digamos ya la que respondería a los distintos dogmas que siguen. Y lo peor de todo es que exigiendo esa coherencia extrema en los postulados morales que ellos creen que imperan en la ideología del contrario -que desconocen total y absolutamente- no hacen sino desnudar sus propias carencias.
Viven en la más pura y absoluta indigencia humana y moral. Y ellos ganan. Y ellos mandan.

Érase una vez una ciudad catalana que estaba en una situación muy muy mala, como muchas otras ciudades, cercanas y lejanas, porque la Bruja Malvada del Norte había condenado amplias zonas a una sequía que se llevaba por delante a padres, madres, abuelos, jóvenes y niños.

Dando un paseo el Príncipe por su ciudad, desnudo como aquel del otro cuento -como estaban todos los reyes y reyezuelos del país de aquella ciudad en esos momentos y, como el otro, presumiendo de su estupenda nada-, vio una imagen que removió los cimientos de sus convicciones más íntimas y profundas: una familia estaba buscando en un contenedor de basura algo que comer.

“¡Imposible!”, dijo, “en mi ciudad este tipo de situaciones no se pueden dar” .

Esa misma frase fue pronunciada a muchas leguas de esa ciudad, pero mucho más al sur, en un sitio más caluroso, ardiente. El Príncipe que la pronunció iba desnudo como los otros, pero no para tapar con ropas invisibles su idiotez, sino para ir como el resto de su pueblo, que tampoco tenía demasiado con que vestirse pero que, contrariamente a la frase que recorría aquellos años el Reino, “no se habían vestido por encima de sus posibilidades”.

Os preguntaréis entonces, ¿qué hicieron ambos Príncipes ante el mismo problema? La lógica dice que o bien tomaron la misma solución o bien llegaron a una solución intermedia entre las removidas convicciones de cada uno.

Nada más lejos de la realidad.

Ahora, en Marinaleda, Sevilla, tenemos a un Alcalde con una citación judicial-aunque dos ministros hayan requerido su detención, ojo- por  haber robado en un supermercado nueve carros de la compra para dar de comer a sus vecinos.

¿En el Norte, preguntaréis, qué tenemos en el Norte?

Obtenida de la web de RTVE

Y el problema lo tiene el primero.

Pero mientras estos dos relatos suceden, cada uno con su correspondiente carga informativa basada en el más puro gatekeeping del prejuicio, van a eliminar la ayuda de los 400€ para los parados sin subsidio, porque son sus parados. Mientras, van a cobrar una cuota anual a los migrantes en situación de irregularidad administrativa, cuota que subirá si esas personas tienen más de 65 años. Mientras, se siguen rifando los derechos de los ciudadanos al peor postor en los despachos de toda Europa y de distintos parqués para compensar con sangre los cien mil millones que nos van a prestar para pagar los desmanes del sistema bancario y financiero.

Mientras, Mariano, pasando unos días en Galicia.

Galiza Calidade, coño.

En otro post anterior comentaba una tendencia que estaba empezando a revelarse. Hoy El País la confirma: el PP se desploma en un mes.

La degradación y descomposición de la clase política en este país se está llevando por delante -como no podía ser de otra manera- el bipartidismo. Mientras el PSOE sigue desaparecido -no en combate porque no está combatiendo, simplemente desaparecido-, el PP está pagando caro la imposición de las medidas y su comunicación.

Hace unos días Rajoy decía que no tenemos libertad, a la vez que sus ministros sostienen que no estamos intervenidos. El orgullo de no reconocer que de facto estamos intervenidos y de ser la única cara que los ciudadanos pueden poner tras la tijera se traduce en un impacto electoral muy grande. Por otra parte, si reconocieran que nos han intervenido -con la formidable excusa de la herencia socialista-, estarían poniendo un escudo entre su gobierno y la opinión pública: se puede disparar al de más arriba. Pero la cabezonería de este ejecutivo se lo está llevando a la tumba.

El caso es que las alarmas en el PPSOE se han encendido: el régimen está en crisis. Así, como ya se deja caer en tertulias y por distintos políticos en entrevistas y columnas de opinión, el horizonte de un gobierno “de unidad” entre estos dos partidos cada vez es más cercano. Y si se diera o se da, me parecería un error grandísimo por su parte, tanto desde su punto de vista como desde el nuestro:

Lo primero, es que, tal y como se está o estaría planteando, no sería un gobierno de unidad, sino que dos partidos se arrogarían un sentido de unidad no refrendado por las calles, ni reflejado en ellas. Así, un llamado gobierno de unidad que estuviera compuesto por los dos partidos más desgastados y denostados por este proceso, no duraría mucho más que cualquier otro, y ayudaría como ningún otro factor a contribuir al descreimiento en la clase política y a la destrucción de la imagen de ambos partidos.

Lo segundo, que si se quiere formar gobierno, se pasa por las urnas. Si ahora se decidiera en el Parlamento y en los despachos modificar la composición de este gobierno para introducir a elementos -tristemente, nunca mejor dicho- del partido socialista, sería una traición de dimensiones épicas al conjunto de votantes de ambos partidos y a la soberanía popular.

En tercer lugar, que ahora mismo tendría poco o ningún sentido para cualquiera de los otros dos grupos que más suben -IU y UPYD- participar en esa pantomima de gobierno. Ambos deben estar -y están mejor- a cierta distancia del poder, criticándolo y desnudando la falsa pluralidad y el sometimiento a los mercados. Así, la posibilidad de que el gobierno fuera de unidad real es prácticamente utópica, de tal manera que la única solución posible sería convocar elecciones nuevamente.

Otro punto importante del sondeo es la posición de estos dos partidos: UPYD e IU. Por una parte, IU parece haber tocado techo: no es capaz de traducir en votos la debacle socialista. No sé si será por Cayo Lara y la poca confianza que transmite o por el caos que hay dentro de la formación entre PCEros y demás, pero no tira para arriba. Por otra parte, me da bastante miedo la subida de UPYD: he visto como funcionan por dentro y dan miedo, la gente que conocí era, en el mejor de los casos, un conjunto de arribistas venidos de cualquier parte del espectro político que se habían acercado al partido para pillar cargos. Sus críticas al sistema -siendo ellos, en muchos casos, la quintaesencia de ese sistema que critican- son  total y absolutamente demagógicas.

Así, me parece de una importancia vital que en IU -como partido estatal más a la izquierda en las Cortes y con mayor posibilidad de crecimiento, no por otra cosa- cambie algo y que tanto ellos como el movimiento ciudadano cristalizado en torno al 15M y otros partidos y organizaciones de izquierda pierdan los miedos y algunos prejuicios y que se intente construir una plataforma amplia de izquierdas, que pueda traducir el descontento de la calle en poder en el Parlamento.

Se nos llena la boca con Syriza, pero parece que nos da miedo construirla.

El pasado 19J estuve, con otros cientos de miles de personas, por las calles de Madrid. Y lo flipé, muchísimo y en muchos sentidos. No había estado nunca frente a una manifestación con tantas particularidades como esta. Las características de esta movilización me parecen significativas de que algo ha cambiado, de que algo está cambiando, y de que ahora en adelante, las cosas se van a mover, y mucho.

En otro post hablaré un poco de las condiciones políticas y sociales que me parecen destacables a la hora de entender este salto cualitativo y cuantitativo. Me quedo, ahora, con una tendencia bastante peligrosa que observé en la manifestación.

Me llamó la atención la cantidad de policías que había en la manifestación. Exagero, pero quizá no demasiado, si digo que entre un cuarto y un tercio de la manifestación estaba formada por hombres y mujeres de los distintos cuerpos policiales, militares o paramilitares de este país. Las cosas no cambian si salimos los de siempre, y el hecho de que estos colectivos, tan atados como están al régimen, se muevan es un paso muy importante. Nos guste o no, hace falta que todos nos movilicemos para cambiar algo, aunque nosotros prefiramos salir con nuestros amigos y compañeros, solos no conseguimos nada: Pueblo somos todos.

Ahora, que también detecté una tendencia muy peligrosa dentro de estos manifestantes que se identificaban, con pancartas o camisetas, como pertenecientes a la policía y demás: el gran número de fascistas que había. Y no utilizo el término “facha” de toda la vida, sino que lo que ahí había eran grupos uniformados de negro, con consignas y cánticos apolíticos, y en muchos casos con unas pintas más propias del fondo sur de algunos estadios madrileños que de un agente “del orden”.

Como digo, Pueblo somos todos, y es necesario que todo el mundo salga a la calle y reclame lo que es justo, reclame que no nos roben más de lo que nos están robando ya y que lo que nos han quitado, lo devuelvan. Pero hay que tener cuidado con según qué grupos quieran o puedan capitalizar este movimiento: dentro de este -para mí sano- clima contrario a los políticos, hay que dejar meridianamente claro que se protesta y se ataca a una clase política -ladrona, despilfarradora, desconectada del mundo y de los problemas reales, que respira al son de los mercados- y a una política -neoliberal-, no a la política.

Lo uno con la presencia masiva de policías porque, como digo, era el discurso que llevaban muchos de estos grupos o grupúsculos -sin querer hacerlo extensivo al resto de policías que podían estar manifestándose tranquilamente por ahí-. Pero lo que más me preocupa, es que es un discurso que está empezando a calar en la gente, en las personas que no pueden salir de la identificación de esta política con la política. Y me parece que es un camino muy peligroso, porque genera el caldo de cultivo idóneo para que cualquier personajillo que se vista de regenerador se arrogue el deber de “liderar” estas protestas y las capitalice bajo la forma de algunas siglas.

Estoy pensando, sin ir más lejos, en UPYD, cuyo discurso contra los políticos y las autonomías que lleva -del resto del programa, ni se sabe ni se pregunta- apunta en ese sentido. En comparecencias, debates, ruedas de prensa… podemos ver a representantes, diputados del partido atacando a los políticos y a la política, como si ellos no fueran políticos ni estuvieran en política. Una señora que cobra diez mil sueldos por diez mil cargos pasados -muchos de ellos, no lo olvidemos, en instituciones que ahora ataca como despilfarradoras e inútiles, como gobiernos autonómicos o el Parlamento Europeo- se viste ahora con la ropa de Joaquín Costa, de regeneradora de la política, cuando precisamente ella supone la máxima expresión de esa casta política que vive de dios sabe qué.

Y es que no hay peor fanático que el converso. Y en momentos de crisis, convulsos como este, hay que tener mucho cuidado con quién dice qué.

En el subtítulo del blog pone “actualidad, música, gilipolleces…” y tanto actualidad como gilipolleces -esta es una constante- han sido ya cubiertas, así que le toca a la música.

Con el tiempo, he ido cambiando de gustos, no demasiado, pero algo. Si bien sigo amando lo barroco de Queen o el jolgorio de unos vientos balcánicos, la música que más me gusta es la cruda, la sencilla.

Sencilla, que no simple. En el fondo, puede ser tan compleja o más que otras, con sutiles cambios de acorde entre séptimas, sextas, mayores o menores, pero todo presentado sin aditivos, sin una producción espectacular, sin cuatrocientas pistas de guitarras ni armonías de teclado que luego en concierto no existen o están grabadas.

Y uno de los máximos exponentes de esta música clara, directa, salvaje, a-la-cara, pero que a la vez puede ser romántica o tierna, es Dexter Romweber -ya sea con los Flat Duo Jets o con su hermana en el Dex Romweber Duo-. En ambos casos, la formación es muy simple, él canta y toca la guitarra (o el piano) y el acompañante, la batería. ¿Por qué añadir instrumentos y chorradas cuando así suena genial, cuando tienes más fuerza con tres instrumentos que grupos de 5 o 6 componentes?

Pero bueno, lo mejor es escucharlos. Disfrutadlos. En imperativo.

Una bruta versión de Baby Blue de Gene Vincent de los tiempos de los Flat Duo Jets

Y otra versión, del Brazil de Sinatra -y otros-, con su hermana en el Duo